miércoles, 17 de marzo de 2010

Silvia (I)

Tengo veintiséis años, me case a los veintidós y fuimos novios desde los catorce. No he conocido otro varón, ni en la cama ni en los sillones de un cine y nuestras sesiones “románticas” son siempre en cama, debidamente tapados y no se alargan más de veinte minutos, una por semana, normalmente los sábados, quizá algún viernes, siempre más allá de la medianoche y con la luz apagada, las puertas cerradas y la ventana bien tapada.
He concebido dos niñas bellísimas, una de cinco y otra de tres.
Nunca pensé en mi vida sexual ni mucho menos me la cuestioné, pero la pasada semana coincidí por primera vez en el ascensor con mi nuevo vecino tras varios encuentros en los que mi marido estaba presente. Allí, los dos solos hablamos del tiempo hasta segundos antes de abrirse las puertas del ascensor, en aquel instante y sin inmutarse manteniendo una leve sonrisa en los labios dijo: “confío en que pronto compartamos cama”

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