martes, 16 de marzo de 2010

César (I)

Nunca pensé que aquellas películas eróticas que veía la noche de mis infantiles sábados intentando escaquearme de los padres iban a configurar el imaginario de fantasías y fetiches sexuales que regirían mi vida adulta.
Pero lo cierto es que los abundantes, o más acertado sería decir desbordantes pechos, las curvas excesivas, el sobrepeso femenino, las profundas caladas a finísimos cigarros o el vouyerismo se adentraron en mi mente como morbosas imágenes que me relacionan directamente con los más sentidos placeres sexuales.
Mis años han transcurrido buscando miradas que no necesitan palabras, mis días se han llenado de oscuros pensamientos, mis noches de personas que nadie relacionaría conmigo. He bebido de bocas prohibidas, comido de lugares que cuesta soñar y ocupado camas a escondidas.
He sido lo que he hecho, y he hecho cosas que nunca podré contar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario